para regar el oculto jardín de tus lamentos
con lágrimas de verdades que no afloran.
Crecerían señales tras tus pasos,

abriríamos grietas en la roca dura
de aquellos que marchitaron tus raíces.
Encontrarte, niña, hallar tu rastro
en la incierta despedida, en la hora oscura
en que fuiste tragada por Estigia.